Base, indicaciones y riesgos: Corsés y cinturones lumbares
Objetivo:
Contribuir a soportar la posición de
la columna lumbar disminuyendo el trabajo necesario de la musculatura
lumbar.
Fundamento teórico:
Una de las misiones de la musculatura de la
espalda es contribuir a mantener sus curvaturas
normales y el equilibrio en los movimientos. Para conseguirlo,
la musculatura debe contraerse. El uso de un corsé o cinturón
lumbar ayuda a la musculatura a conseguir su objetivo, de forma
que es menor la cantidad de trabajo que debe realizar. Eso podría
contribuir a mejorar el dolor en aquellos casos en los que se debe
a la sobrecarga de la musculatura.
Por otra parte, en los casos de escoliosis
progresiva en niños o adolescentes que están en crecimiento, el
corsé tiende a mantener la columna vertebral tan enderezada como
es posible, lo que puede detener la progresión de la desviación.
Pruebas científicas de su eficacia:
Los estudios realizados sobre el uso de corsés y fajas
lumbares no han analizado adecuadamente su eficacia, por lo que
las recomendaciones basadas en la evidencia científica no
las incluyen.
Riesgos y contraindicaciones:
El uso constante o durante un tiempo prolongado de corsés
o cinturones de apoyo lumbar conlleva lesiones cutáneas,
alteraciones digestivas, hipertensión arterial, aumento de
la incidencia de crisis cardíacas y atrofia de la musculatura.
Indicaciones:
Las recomendaciones
basadas en la evidencia científica disponible no aconsejan
el uso de corsés ni cinturones lumbares.
No obstante, puede tener sentido usarlo:
1. En individuos sanos, y aquellos que
han tenido dolores de espalda, cuando realizan esfuerzos potencialmente
excesivos para su espalda, como el levantamiento de pesas.
2. En pacientes agudos, en los que el dolor
y la contractura muscular limita la actividad de forma muy importante,
para evitar el reposo absoluto e intentar normalizar la actividad
diaria lo antes posible.
3. En pacientes ancianos, con dolor agudo
o exacerbación de su dolor crónico, en los que la
falta de musculatura puede retrasar la readopción de su actividad
normal, con el mismo objetivo.
4. En casos de escoliosis
progresiva en niños o adolescentes que están en crecimiento y en
los que el ejercicio no es suficiente para detener el progreso de
la curvatura.
En los pacientes adultos, para minimizar el
riesgo de atrofia o pérdida de tono muscular, debe usarse
sólo unos días y hay que evitar llevarlo constantemente
en ese período, usándolo sólo en aquellas circunstancias
que supongan un mayor riesgo para la espalda, como cuando el paciente
tiene que estar largos períodos de pie, o cuando se somete
a vibraciones (por ejemplo, en tractores o autobuses).
En los niños y adolescentes en los que el corsé
se usa por escoliosis progresiva, también es necesario evitar el
riesgo de atrofia muscular. Para ello hay que retirar el corsé periódicamente
durante un tiempo, de acuerdo a lo que el médico prescriba en cada
caso, y usar esos momentos para practicar natación -especialmente
en los estilos de espalda o crol- o realizar los ejercicios recomendados.
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